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20 competencias profesionales para la práctica docente

N°4 enero - junio de 2012


20 competencias profesionales para la práctica docente.
Medina Elizondo, Manuel
Barquero Cabrero, Jose Daniel
Ed. Trillas, 2012

La práctica docente —vieja, nueva o por venir— podría ser definida como un oficio voluble dada su tendencia inmemorial a brincar de modelo en modelo educativo, a construir enfoques de enseñanza para casi inmediatamente abandonarlos, a sustituir una postura didáctica por su contraria, a enredarse en incontables reformas que no son sino interminables búsquedas de nuevas formas de trabajo en pos de un verdadero —y ojalá que perdurable— sentido educativo que defina —con claridad y precisión meridianas— el significado de las acciones didácticas. En estos días de hoy, dicho sentido parece derivar —en todos los ámbitos y niveles educativos— de la formación por competencias.

Formación a partir de la cual todo sujeto no sólo será capaz de adquirir conocimientos, habilidades y valores a través de un proceso de enseñanza-aprendizaje sino de aplicarlos, posteriormente, en escenarios reales de trabajo y/o de vida. En este sentido, más que un desarrollo teórico técnico, la educación por competencias es una nueva definición del proceso educativo que incluye todas las ramificaciones políticas, ideológicas, éticas y pedagógicas contenidas en el mismo. Ello, en pro de ofrecer a los sujetos en formación modelos educativos pertinentes, eficaces y eficientes, capaces de responder a los cambios surgidos de la globalización, la formación de bloques económicos, la concertación de acuerdos de libre comercio, los avances tecnológicos y el uso —frecuentemente abuso— de herramientas mediáticas.

Una definición simple de competencia —enmarcada en un ambiente de aprendizaje significativo— indica que se trata de toda capacidad —expresada a través de habilidades, actitudes y conocimientos— que se requiere para llevar a cabo una tarea de modo lógico en un entorno definido, considerando el contexto, los procesos de integración de elementos, los criterios de ejecución y/o desempeño y la responsabilidad que implica. Desde esta perspectiva, las competencias académicas promueven capacidades relacionadas con la resolución de problemas, la toma de decisiones, el cálculo de riesgos, el establecimiento de liderazgos, el trabajo colaborativo, las interrelaciones socio-personales, la expresión comunicativa, el uso de la tecnología, la transculturación… etc.

Lo amplio del baje anterior implica que, en la actualidad, el docente ya no puede considerar la transmisión de conocimiento como eje medular de su labor profesional, debe apoyar la formación integral de sus educandos y, para ello, requiere necesariamente de una mejor comprensión de sus funciones en el aula a través de la creación de un perfil específico que englobe las nuevas tendencias y opciones educativas expresadas a través de un conjunto de competencias docentes en clara correspondencia con las competencias de los alumnos o, al menos, con la posibilidad de un espacio de articulación entre ambas. De este modo, el docente desarrolla una serie de cualidades cognitivas y personales que transmite y desarrolla en sus estudiantes, quienes —a la par que los maestros— desarrollarán competencias complementarias que faciliten el éxito de la labor de ambos.

Es a partir de lo anterior, que los doctores Manuel Medina Elizondo y José Daniel Barquero Cabrero, decidieron iniciar una investigación profunda y sumamente documentada en torno a las competencias requeridas por la práctica docente, cuyo resultado es el presente texto: 20 competencias profesionales para la práctica docente. Texto que es, también, una herramienta básica para aquellos maestros interesados en apropiarse del nuevo rol que la docencia les demanda y cuyo escenario futuro proyecta la necesidad insoslayable de fungir como mediador entre el discente y el objeto de conocimiento a partir de sus conocimientos y aptitudes así como del dominio de su disciplina; ello con la intención de alcanzar altos criterios de calidad en la planeación, selección y desarrollo de sus estrategias docentes que, a su vez, fortalecerán y facilitarán el desarrollo académico, social y ético de sus estudiantes.

El texto recopila veinte competencias docentes, estrategias idóneas para estimular, desarrollar y favorecer la adquisición de competencias de los alumnos afrontando, así, cualquier situación que pueda consolidar el proceso de enseñanza-aprendizaje. Igualmente, a través de la puesta en práctica de los contenidos de este manual, el docente encontrará didácticas que faciliten la organización dinámica de soluciones de aprendizaje; metodologías innovadoras sobre la gestión de los procesos educativos; herramientas de mediación para inducir al discente a convertirse en el gestor de su propio proceso de enseñanza y dinámicas para incentivar el sentido de la responsabilidad social y ética del alumno.

A partir de la lectura profunda de este texto el maestro dejará de considerarse un elemento aglutinador del conocimiento para iniciarse en analista y gestor del mismo a partir del dominio de las diversas fuentes de información; además aprenderá el valor de administrar las nuevas tecnologías con el fin de orientar y dinamizar el aprendizaje de sus alumnos. Pasará de expositor a guía, de repositorio a administrador de medios que genera en sus educandos novedosas formas de participación y expresión; será, a un tiempo, animador, comunicador, coordinador, facilitador y actor del proceso de enseñanza-aprendizaje, capaz de ofrecer a sus alumnos las herramientas necesarias para la autoconstrucción activa del conocimiento.

Creo sinceramente que, este texto, pretende crear un nuevo modo de docencia y, por asociación, un modo novedoso de aprender. Puede no ser el primer texto que trata sobre competencias educativas pero sí el que las presenta de un modo más claro y fácilmente accesible a través de una estructura modular que puede aprehenderse en su conjunto de acuerdo al orden capitular que presenta o, bien, escindirse en cinco partes independientes en función de las actividades, las herramientas, la labor concreta o la dinámica de trabajo del lector.

En síntesis podría definir el presente texto como una metáfora del proceso de creación de conocimiento a través de procesos de mediación conceptual en escenarios de trabajo docente y desarrollo profesional. Proceso que, para los autores, deriva de largos tiempos de lo que, en términos actuales se conoce como “participación legítima periférica”: observación, reflexión, extracción de conclusiones, actuación en entornos definidos, análisis de resultados, nuevos planteamientos y exposición pública del producto final, en este caso concreto, un espléndido manual que, con toda certeza, será de gran utilidad para los docentes mexicanos.

Cabe señalar que el texto aboca al lector a implementar un cambio metodológico en su labor profesional, promoviendo en la misma la cooperación y el debate entre iguales —docentes-discentes— a través de la elaboración de artefactos culturales utilizando múltiples códigos, lenguajes y herramientas, que animan a comprender, a investigar y crear y no sólo a recordar las respuestas correctas, actividades cuya evaluación tiene en cuenta tanto el proceso como el producto final. Así, los lectores encontrarán en el texto numerosas ideas para potencializar su labor en el aula, para reinventarse como maestros, identificarse con el desarrollo de ambientes polivalentes que puedan absorber con facilidad la reorganización pedagógica del aula y el influjo de la innovación tecnológica en el ámbito educativo.

Se trata de un libro acabado y autosuficiente, que no necesita de prólogos o introducciones para su lectura aunque, como todo texto, podría suscitar cierta curiosidad por la personalidad de sus autores, la génesis y el sentido de la obra, con el fin de interpretar el contexto del que provienen las aportaciones que realizan. Curiosidades que yo mismo he sentido al leer lo que no puedo calificar sino como una magna obra fruto de una ardua investigación llevada a cabo por dos profesionales de la docencia cuya tenacidad, rigor y buen hacer han sido más que suficientemente probados a lo largo de una extensa y exitosa trayectoria profesional.

Podría, llegado a este punto, anotar un breve —o no tan breve— extracto de su historia de vida si ello no fuera, por frío e inexpresivo, incapaz de reflejar el trabajo, la dedicación, el rigor, la madurez intelectual y el domino de los procesos docentes de estos dos grandes investigadores a quienes me honro en llamar amigos y compañeros. Por ello, puedo dar fe de su denodado esfuerzo investigador, de la gran cantidad de tiempo invertida en el texto, del modo abierto y libre de restricciones con que ambos enfrentaron el reto intelectual, de los afectos y las aversiones que el libro generó en su entorno y en su personalidad. Finalmente, este texto que usted —lector— tiene ahora en sus manos, no es sino un modo más de articular la ciencia con la vida; la idea y el papel con la inteligencia de quienes generan la primera y garabatean en el segundo hasta convertir, un manual, en lo que estoy seguro será una inagotable fuente de consulta, testimonio de un trabajo serio y bien consolidado pero, sobre todo, de una actitud apasionada hacia la docencia y su mejor desarrollo.

Cabe señalar, por último, que el tono sencillo, cálido y espontáneo con que ha sido redactado el texto facilita considerablemente la lectura del mismo, dejando en el lector además de agradables impresiones, la sensación de que un ápice de voluntad es suficiente para implementar cualquiera de las dinámicas descritas. Que sólo por el hecho leer a medida y barquero puede, el lector, sentirse un mejor maestro, un maestro más comprensivo, más pendiente del entorno en el que labora, más centrado en el bienestar de sus educandos y, en suma, un maestro más humano.

Algo que cada uno de los lectores del texto irá entendiendo a medida que se adentre en él aunque y ojalá que esos mismos lectores tomen este prólogo tas finalizar la lectura de todas y cada una de las veinte competencias docentes. A exponer esas impresiones, preguntas y sugerencias que yo mismo he sentido van dedicadas las siguientes líneas que desearía puedan ayudar a entender mejor el libro que tiene el lector entre sus manos o, al menos -si lee este prólogo al final, como una especie de epílogo- le permitirá comparar sus propias impresiones con las de otro atento lector de la obra; un lector para el que fue un honor pergeñar estas palabras de bienvenida a un texto al que auguro una larga y fructífera vida dentro y fuera de las aulas.

Dr. Ricardo Varela Juárez